miércoles, 28 de abril de 2010

Hoy, hace 60 años...


Resulta que mi entrada anterior hablaba de lo malo y feo de mi vida... hoy es diferente. Hice lo que tenía que hacer, no sé si cuando tenía que hacerlo y como tenía que hacerlo, pero descubrí que no soy víctima, que una relación es cosa de dos y que entre dos se busca la solución. Y es que los que me conocen saben que soy un ser medio grinch, pero... sí, está bien, lo acepto, sí existe el amor.

Y por eso les voy a contar una historia.... (verídica, por cierto)

Ella se llama Teresa. Él Edmundo. Ella es una mujer única, preciosa, inteligente, directa... pero sobre todo, toda una dama. Él es honesto, simpático, romántico y todo un caballero.

Corría el año de 1945, cuando Tere estaba platicando con su prima en la calle en la que vivía, en la entonces pequeña ciudad de Aguascalientes. En ese momento, Edmundo caminaba sobre la misma calle, acompañado de su hermano. Tere lo vio... le pareció alto, flaco, feo y sin chiste... tanto que se lo comentó a su prima. Él... él (en el lenguaje actual y un poco vulgar) ya le traía ganas. Ella no sabía que era su vecino, que sólo 4 casas lo separaban. Él sabía que los separaban más que 4 casas... pero confió en que era más lo que los podía unir.

Él comenzó a buscarla. Ella comenzó a interesarse. Él decidió conquistarla. Ella se dejó enamorar. Ella tenía 15 años. Él 4 más. Y así, con el típico cortejo de hace tantas décadas (que obvio sólo conocemos por películas porque en nuestra vida actual las cosas son muy distintas), comenzaron a vivir su amor... y a luchar por él, a defenderlo... no importa de quién. Nadie les iba a impedir estar juntos...

Y les costó trabajo. Y está bien, porque lo que fácil llega, fácil se va. Por eso esto ha durado tanto. El papá de Tere se opuso a esta relación. Tenía otros planes para su hija. Y ella, completamente fiel a Dios y a su instinto de mujer, a su amor y a su vida, decidió no doblegarse ni siquiera ante ese ser que le dio la vida, pero no el apoyo para ser feliz.

Vivieron su noviazgo a escondidas, a regañadientes, por la ventana de su cuarto, pocos minutos al día. Y el intentar separarlos sólo logró unirlos más. Y así pasaron los años, hasta que decidieron casarse. El papá de Tere no dio el consentimiento... tuvieron que esperar hasta que ella fuera mayor, que en ese entonces era a los 21 años. Y así, 20 días después de su cumpleaños número 21, Tere y Mundo se casaron como Dios manda... aunque el papá de Tere, (ok, se llamaba Prisciliano... creo), no asistió. Su tío la entregó.

Y así, la luna de miel les duró 5 años. 5 años que Dios les regaló para ellos, para que disfrutaran sólo ellos, para que se conocieran, para que se enamoraran cada día más y para que se dieran cuenta que habían tomado la decisión correcta. Después de 5 años nació su primer hijo... y de ahí no pararon.

Tere y Mundo hoy tienen 8 hijos, 2 nueras (casi 3), 3 yernos (casi 4), 7 nietas, 10 nietos y mucha gente que los rodea y los ama, no tanto como toda su familia, pero casi. Tienen achaques, pero también tienen siempre una sonrisa. Han inculcado ese amor, esa fé, esas ganas de vivir y ser felices a sus hijos y sus nietos. Son amorosos, tiernos, luchones. Son hermosos. Pero lo mejor... son mis abuelos.

Y hoy precisamente cumplen 60 años de casados... y el tiempo no pasa por ellos pues en sus ojos aún se refleja ese amor, cariño y respeto que siempre se han tenido.... aunque creo que están más enamorados que hace 60 años.

Él da la vida por ella. Ella la da por él. Si se va uno, se vanlos dos. Pero yo sé que nunca se irán.
El amor sí existe... yo lo sé. Las historias de amor verdaderas también... No creo en los príncipes azules... pero sí en los altos, flacos, feos y sin chiste...

Sé que ellos posiblemente nunca leerán esto, pero LOS AMO!!! Son mi inspiración (y estoy segura que la del resto de sus nietos emos...)



martes, 6 de abril de 2010

Hoy...

Hoy estoy resignada. O tal vez hastiada. O puede que las dos cosas. La verdad le quiero echar la culpa a la edad, a la etapa, a las circunstancias, pero lo cierto es que el amor ya no es el mismo. En realidad nunca lo ha sido... cada vez es diferente. Depende del lugar, de la época... pero sobre todo de las personas. Tal vez ha madurado... o tal vez se ha vuelto cada vez más egoista. Creo que después de muchas experiencias, uno aprende... a no cometer los mismos errores, a ser más desconfiado, a no dar tanto.

Hoy no sé si es él, si soy yo, o si somos los dos. Acepto mi responsabilidad y culpa. Nunca platiqué mis términos ni tampoco planteé mis límites. Nunca comenté mis molestías ni enojos. Nunca reclamé nada y nunca expresé mi malestar. En cambio, toleré y fui demasiado "comprensiva". Dejé pasar, dejé ir y pretendí olvidar. Justifiqué y antepuse sus ideas ante las mías, sus amigos ante los míos, su familia ante la mía.

Lo que hoy sí sé es que ya me cansé. Si es así y lo acepto, pues me dejo de quejar e intento ser feliz. Si es así y no lo acepto, es mejor que me haga a un lado antes de cometer homicidio colectivo. Lo único que queda es hablarlo. No reclamar, no acusar, no volverme víctima. Hablarlo, que los dos sepamos que las cosas son así ahora y que los dos decidamos cómo serán después. Y dejar de añorar ese amor público, esa felicidad desbordante, esos sueños compartidos y esa magia en el aire de muchos de mis conocidos. Porque igual ya lo viví y sé que al final no sirve para nada. Sólo quiero un poco de seriedad, responsabilidad, apoyo, comprensión, sorpresa y complicidad... ¿es mucho pedir?

Como sea, no era necesario que leyeran esto*, aunque para mí sí era necesario escribirlo, saber que medio tengo claro lo que no quiero y que ya llegó el momento de tomar decisiones y exigir resultados. Espero que su vida amorosa sea más fácil que la mía.... o al menos que sea, jajaja. Saludos.


*Aunque dudo que aún alguien me lea...